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Sobre Jandl
Haría mías las palabras de Ernst Jandl cuando afirmaba que el arte actual no se acepta porque no es conocido . En su caso, se podría decir que tanto la poesía fonética como la poesía concreta, de las que era un destacado creador, no eran ni son hoy conocidas. A decir verdad, yo me he preguntado en muchas ocasiones el porqué, sin obtener ninguna respuesta clara o suficientemente convincente. Tal vez sea, se me ocurre, porque ambas prácticas creativas abrazan un territorio poco explorado, situado a medio camino entre la poesía, la música y la pintura, sin querer pertenecer a ninguna de ellas, y construyendo así un terreno desconocido, ignoto y misterioso, que atrae pero también espanta al espectador-viajero del arte contemporáneo. Aunque también soy de la opinión de que la creación artística consiste y trata en cualquier época la exploración de ese desconocido. Es más, nuestra experiencia común es atravesada de continuo por palabras, objetos, gestos y movimientos que no conocemos, pero con los que convivimos a diario. Lo desconocido, pues, parece algo muy habitual nuestro, y muy próximo. Cualquier intento de comunicación nos abre de las puertas no sólo de lo desconocido que hay en el otro, sino también de ese otro desconocido que albergamos en nosotros mismos. Y ese habitual desconocido nos atrae, pero también nos da miedo. Le tememos porque tal vez podría inclinarnos en exceso hacia la pérdida, hacia la disolución o hacia el extravío. Pero cuando aquello que era desconocido se nos vuelve conocido, lo hacemos nuestro; lo integramos a nuestro modo de pensar y de hacer; lo cosemos a nuestra vida; lo aceptamos, como decía Jandl. Aunque tal vez añadiría que ese territorio fonético y concreto de que hablaba al principio no sea para muchos un desconocido próximo, al que uno desea y teme al mismo tiempo, sino que podría tratarse de un espacio doblemente desconocido: ese que hasta lo desconocido nuestro lo desconoce. Probablemente sea éste el problema: que ni siquiera se sabe de su existencia, ya que de conocerse, nos sentiríamos sin duda atraídos por esa forma de creación, y muy en concreto por ese personaje fascinante, impregnado de dadaísmo, como era Jandl, con su vestimenta de lenguaje, cuya creación nos seduce y cautiva sin remedio alguno.
Y si tuviera que subrayar alguna de las características más sorpresivas de este poeta fonético y concreto, sería el modo de la utilización del fragmento. Sabemos que tanto la poesía concreta como la poesía fonética se basan en la descomposición del lenguaje, en su desarticulación, y de cuya recomposición se origina la visión o audición de arquitecturas insospechadas de la escritura y del habla. Pero la manera como emplea el arquitecto Jandl los residuos de lenguaje es admirable e inusitada. Hago referencia con ello a las características propias de su modo de componer, poniendo de relieve y subrayando algunas de los rasgos semánticos más propios de la noción de fragmento.
Por un lado, cabría hablar de la relación entre fragmento y discontinuidad; de que todo fragmento implica y exige el corte, el hueco, el vacío, la distancia con el otro más próximo. Y si observamos, o mejor escuchamos, una de las piezas más conocidas de Jandl, su Ode auf N, veremos que tras una cierta apariencia de continuidad, los fragmentos de lenguaje están separados por un abismo infranqueable. Los residuos se mantienen hilados o entrelazados por un tejido transparente, que deja entrever la falta de red. Trátase de una invitación a la audición de discontinuos, carentes de sentido por sí mismos, pero cuyo telar de superficie nos desvelará levemente la aparición de ciertos vocablos con sentido. Grumos de habla de cuerpo deshilachado, asimétricos y enigmáticos, rodeados de esa nada que aumenta su propio extrañamiento, aislados de todo, pero sabiéndose enlazados, casi en suspensión, a otros muchos coágulos de la pieza fonética.
Por otro lado, destacaría, en Jandl, que cada uno de sus fragmentos contiene las características de un mundo propio, personal y único. Que cada unidad residual se muestra como un todo, como una unidad consolidada en su propia ausencia de sentido. La relación entre fragmento y totalidad ya fue enunciada en cierto modo por Umberto Eco en su ya clásica Obra abierta . Si Eco hacía mención a la ejecución, interpretación o lectura de un fragmento como totalidad, aquí me refiero a la entidad global del cuerpo residual lingüístico en Jandl, a la materia unitaria de cada grumo poético al que hacía referencia Dorfles, al hablar de cierta pintura abstracta reciente , de la que afirmaba que un fragmento del cuadro cabría considerarlo como una unidad autónoma, que cobra a menudo una carga mayor que la del cuadro entero.
Densidad de carga rodeada de un vacío envolvente, que convierten los poemas fragmentarios de Jandl en negro estelar. En ese doble desconocido. En esa red de partículas que arrancadas de su contexto -como decía dadá- revelan la esencia de las cosas.
Bartomeu Ferrando
1. Jandl, Ernst. Materialienbuch, Darmstadt und Neuwied, Sammlung Luchterhand, 1982, p.104.
2. Eco, Umberto. Obra abierta.. Barcelona-Caracas-México, Ed. Ariel, 1979, p. 98-99
3. Dorfles, Gillo. Naturaleza y artificio, Barcelona, Editorial Lumen, 1972, p. 244-245
4. Dadá y Constructivismo. Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, marzo-mayo 1989, p. 43
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