JOSÉ RIBAS
Es un cohete, tiene 22 años, no deja de gesticular ni un instante, conoce
Barna como si fuera un longevo ya que se ha pateado todos sus rincones y ha
creado un montón de acciones relacionadas con la poesía más
innovadora. Y sostiene que los creadores de Barcelona son una raza en extinción
porque las instituciones no invierten en ellos y sólo crean infraestructuras
monstruosas y fuera de lugar a las que tampoco dotan de presupuesto. «Lo
peor es que no reconocen los errores, cuando a estas alturas lo único
que pueden hacer es admitirlos y arreglarlos. Ya no se puede derribar el Macba,
ni el Auditori, ni el TNC. ¿Tiene sentido construir un teatro a la italiana
al final del siglo XX y dotarlo con sólo el 10% del presupuesto de cualquier
teatro europeo?».
Nuestro primer encuentro se produce en el CCCB, donde trabaja como entidad asociada
(Projectes Poètics Sense Títol). Se sienta en un taburete en la
antesala del bar y me dice: «Te imaginas cuánto les habría
costado a las instituciones montar el Festival de Cine Independiente sin el
colectivo La Fàbrica? El trabajo de algunos artistas que no han tenido
más remedio que volverse gestores de pequeños festivales para
acumular recursos y hacer milagros es voluntario y desde hace tres años
reciben la misma pequeña subvención con lo que están perdiendo
poder adquisitivo.Y la imagen de ciudad moderna que venden y de la que viven
las instituciones es gracias a los creadores independientes y a estos festivales.
Sónar, la sesiones de La Porta, el Festival de Cine Independiente, Revers,
Propost, Ovni, que acoge el CCCB, que se ha convertido en un saco donde vamos
a parar todos porque su gestión es modélica comparada con la de
otros centros. El incremento de infraestructuras ha sido espectacular pero algo
falla cuando sólo funciona una, que además se fundó para
estudiar la ciudad y no para acogernos».
La diferencia entre cultura de consumo y cultura de creación nos preocupa
a ambos. No es lo mismo una propuesta estética vacía de contenidos
y muy complaciente con lo que hay o montar un club, meter a un dj de moda, hacer
una performance superficial y forrarse con las copas, a crear un espacio como
Conservas, el teatrillo underground de la calle Sant Pau, y dar salida a una
serie de grupos como el de Marta Galán. «Los nuevos gestores de
las instituciones son tecnócratas que no están preparados para
evaluar los proyectos y acaban dando un poquitín de dinero a todo el
mundo para evitar la protesta. ¿Por qué no ponen al frente a ideólogos
y agitadores que reorganicen la inversión, ordenen los espacios y aporten
los recursos para la sostenibilidad de los equipos de creadores con un criterio
claro? Cataluña es la comunidad autónoma que menos dinero gasta
en cultura y la Generalitat lo único que ha hecho es destruir la cultura
del país a una velocidad alucinante.Pujals y Vilajoana son pésimos
gestores. Y lo que es peor, parece que al Icub y a la Diputación lo único
que les preocupa últimamente es poner su logo en todas partes».
Eduard está de acuerdo con un poeta austríaco para quien la actividad
poética en estos comienzos de siglo tiene cuatro aspectos. Visual, acústico,
gestual e hiperestructural. «Este último aspecto incluye las actividades
como organizador y gestor que interviene en el espacio cultural. Inserto en
mi actividad poética cuanto he hecho como agitador porque responde a
una serie de gestos poéticos y a la voluntad de intervención cultural».
A sus 14 años y cuando iba a la escuela privada, Sadako, Escoffet creó
una revista poética mensual, Sense Títol. «Duró tres
años que ahora me parecen una eternidad. Al principio fue un fanzine
que fabricaba con un ordenador y una impresora. Luego fue un cajón de
sastre que acogió a diferentes modalidades de poesía. Carles Hac
Mor, Esther Xargay, poesía visual, clásicos como Calleja, Canals
y poetas italianos, franceses.Cuando empecé a estudiar Filología
Catalana ya había conectado con muchos poetas y con todos los grupos
de cultura independiente que desde la clandestinidad se fueron profesionalizando
un poco desde 1995, como Gràcia Territori Sonor, música experimental;
La Porta, danza; La Papa; polipoesía». El joven poeta ha escrito
sonetos, rimas en tetrasílabos, poesía visual, poesía sonora.«Siento
la necesidad de crear una obra poética en muchas direcciones.Mi poesía
va desde lo personal hasta el juego pero sin caer en el ingenio de una arquitectura
lingüística sin vitalidad. La mía viene dada por la multiplicidad
que busca ritmos, sonidos y que no tiene porque hablar de sentimientos ni de
angustias».
Heliogabal es un bar del barrio de Gràcia que acogió en enero
del 97 uno de los inventos más insólitos que ha parido Escoffet.Viatge
a la Polinèsia. «Tras unos meses sabáticos, decidí
pasar a la acción. Me interesaban los recitales en directo y conecté
con Enric Casasses, Xavier Sabater, David Castillo, los de Accidents Polipoètics,
y monté un ciclo de programación estable que permitiera ordenar
las nuevas prácticas poéticas. Me dijeron que estaba loco, pero
aquella actividad reunía cada vez a más público y más
poetas. Así me inicié como gestor».
Se queja de que en las prácticas poéticas experimentales haya
poca formación lingüística. Y define su actitud literaria
como punkie sin desdeñar su formación académica. Me habla
de la tradición poética catalana, le gustan los medievales y me
cita a Roís de Corella. Pero cuando habla de los posdadaistas del grupo
de Viena de los años 50 y de su actitud guerrillera, su sonrisa, siempre
presente, se ilumina: «Reivindico el retorno a la alegalidad. Si la generación
de mis padres parió un tipo de democracia y una Constitución,
no entiendo porque nosotros no podemos crear otra».
El boom de sus recitales poéticos le permitió acceder al CCCB.Desde
allí organizo el último ciclo de Viatge a la Polinèsia
y creó en el 2000 el primer festival PROPOSTA. Partituras de poetas sonoros
vivos de Europa, vídeos y performances poéticas, poesía
visual, recitales y un conjunto de acciones tienen cabida en este ciclo que
se concentra en tres días al año.
El móvil no deja de sonar y la superactividad le roba horas de asueto,
así es la vida de un agitador que sueña con una Barcelona repleta
de pequeños espacios que creen un entramado de creatividad.Y últimamente
está empeñado en asimilar las estructuras del techno y del rock
en los textos de Josep Pla, reordenando, enganchando y manipulándolos
como un dj. Este muchacho es un ciclón y un revulsivo.
Publicat a El Mundo (edició Catalunya), el 5 de gener de 2002