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Vicenç Altaió
Al frente de la cultura radical

Texto: Eduard Escoffet


Vicenç Altaió es un creador incombustible y, aunque lleva más de veinte años agitando el panorama cultural con la propuestas más arriesgadas, tiene el aspecto del espectador atento que siempre aprende y, lo que es mejor, no se siente en nada cansado. Se sitúa entre las artes plásticas, la escritura y el territorio de la ciencia. Desea continuar al lado de los creadores de vanguardia y en primera fila de todo lo que acontezca. Defiende sin tapujos una cultura "radical" y acaba de publicar "Desglossari d’un avantguardista" (Destino, 2000), un recorrido por la cultura de Barcelona de los últimos años.

>Háblanos un poco de tu libro…
< "Desglossari d’un avantguardista" es un recorrido cultural a través de las ideas polémicas y un retrato de Barcelona y su vida cultural. Parte de la tradición periodística en este ámbito, básicamente de Eugeni d’Ors y J.V. Foix, dos modelos opuestos de cultura. En este libro se recogen textos de dietario que han ido apareciendo en la prensa, pero que están configurados como una mirada unitaria encima de la Barcelona del canvio de siglo.

>Y va más allà del contenido, porque el formato no parece tan habitual.
<Intento que no sólo sean textos sino que el lector tenga la sensación de estar leyendo un libro de artista y como en el anterior libro, "La dificultat", hay colaboraciones de creadores que están en complicidad con el contenido del libro. En este caso hay la colaboración de Zush y la fotógrafa Hannah Collins. Zush és el exponente de los revolucionarios sin sangre de Barcelona. Ha sobrevivido a tres revoluciones y siempre ha sabido estar al frente, innovando.

>¿Qué es la vanguardia cultural para ti?
< La vanguardia no es una etiqueta que se puede poner a determinados momentos históricos sino que se trata de una intangible que podemos encontrar a lo largo de la historia de la humanidad. El vanguardista es aquel que está en la punta de la renovación y la innovación de la ideas estéticas, sociales, políticas… Puede tener muchas caras diferentes.

>¿Cómo es tu visión de la cultura en Barcelona?
<En el análisis cultural de Barcelona, los analistas y politólogos están confudiendo la decadencia de la cultura en un debate ficticio, y este es el gran problema de la ciudad. Tienen datos falsos, no pisan el terreno, y no diferencian entre cultura espectáculo y cultura de creación. Es decir confunden la cultura en proceso de socialización de las masa y los problemas reales de la gente que crea. Construyen grandes infraestructuras para gente, los creadores, a quien no interesan los grandes escaparates sino espacios pequeños, diseminados. El problema que han cometido todas las administraciones es que en los años 70 quisieron aplicar el modelo decimonónico de las grandes infraestructuras, de los ataúdes, de carácter francés sobre una pátina borbónica. Pero en Francia tienen mucho más dinero. Si todo este dinero, que es muchísimo, se hubiera invertido en una cultura diseminada, multilingüe, plural, si hubiera revertido directamente en los creadores, ahora no tendríamos en la ciudad el problema de deuda que tenemos y además seríamos una cultura pionera. Todos los artistas reivindicamos un modelo de este tipo, sería más provechoso. Competir con las mismas herramientas que los otros es un gran error. Es un desastre absoluto.

>¿Está Barcelona, pues, estancada?
<Barcelona no está en absoluta estancada. Muchas de las iniciativas se hacen con pocos recursos, pero no hay que confundir. Una cosa es el análisis de la creación cultural y otra cosa son los problemas que tiene el sector de proyección y de profesionalización. Un problema muy evidente en Barcelona es que por un lado hay una particular cultura de innovación y por el otro un sistema adocenado y conservador. La burguesía vieja es profundamente inculta y no tiene ningún interés más allá de la cultura decimonónica.

>¿Crees realmente que Barcelona es una ciudad de innovación?
<No, lo que digo es que en la cota baja, la de los creadores, hay mucha innovación y muy pocos medios. Nuestro sector se tendría que acostumbrar a reivindicar que, así como la revolución tecnológica y biológica se ha producido porque había recursos públicos y privados para la investigación, en cultura no ha habido aquí ningún tipo de inversión de este tipo y también se necesitan inversiones para que los creadores puedan desarrollar su trabajo y sin pedir resultados a corto plazo. Se avanza por la investigación. Cada vez que alguien abre una puerta lo hace para todo el mudno. Hay gente que tiene el impulso pero a la vez auténticas dificultades para dedicarse de manera profesional. En teatro de tipo más bien costumbrista sí que hay unos mínimos recursos, pero en literatura y artes plásticas, no.

>Pero, ¿se pueden llegar a entender políticos y creadores?
<Yo, como buena parte de la sociedad occidental, soy profundamente escéptico, lo que me hace ser radical y no tener ningún complejo en el diálogo con el mundo de la política. Hay que llegar a un nivel de complicidad entre todas las administraciones y el dinero público y los creadores, los verdaderos protagonistas de la cultura. Esa complicidad no existe salvo en contadas ocasiones. Eso es un gran fracaso. Soy positivo porque hay espíritu de innnovación en los creadores y porque las administraciones quieren tener un diálogo con el sector, pero negativo porque no nos hacen caso. Además pretenden que una sola persona represente todo un espectro del mundo de la culltura. En cierta medida puedo decir que los que hemos intentado este puente de diálogo nos hemos cansado.

>¿Qué significa en este momento una cultura radical?
< Un modelo de cultura radical es aquel capaz de construir un ideario que vertebra una utopía que está totalmente en desacuerdo con el "status quo" del momento, que está atento a las mutaciones que se pueden producir en el campo social, tecnológico… Se trata de una capacidad de creación y al mismo tiempo capacidad de leer críticamente esta capacidad de creación. Se es radical en tanto que se transforma. Y el radical no es víctima de su radicalidad. La dinámica social, no sólo cultural, se consigue por la tensión de los extremos, no por la moderación.

>¿Te sientes aún en la primera fila? ¿Quieres continuar en la punta de lanza?
>Sí, intento estar en el motor de cambio y no he tenido esas crisis de intimismo que tienen muchos poetas cuando llegan a los cuarenta. Una cosa alimenta la otra y en este caso lo externo alimenta el mundo propio.

>¿Y dónde están los focos de innovación cultural? ¿En las nuevas tecnologías?
<La revolución tecnológica triunfa, pero hay que tener la capacidad de lectura para saber que el mundo de la cultura informática nos lleva a un proceso. Estamos entre el hiperpresente y el fenómeno del hipersaber. No es una situación fácil y sólo aquellos que utilizan la nuevas tecnologías sin ser víctimas de ellas y que, aun teniendo mucho conocimiento, hacen un uso superficial y tienen un mayor comunicación en todas las áreas podrán innovar. Hay que ser crítico. Muchas veces quien más avanza es quien más retrocede.

"Desglossari d’un avantguardista" está editado por Destino. Recientemente ha aparecido la versión castellana de "La dificultad", su anterior libro, también en Destino.

Barcelona, octubre 2000. Entrevista inédita.

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